Para ver 2 y 3 en Youtube:
31/10/08
Con permiso opinamos

Con permiso opinamos que si La Minga y el Gobierno nos encontramos en La María, será dos días antes de las elecciones de los EEUU, es decir, el momento para darle a conocer a los presentes y ausentes, que venga quien venga, no queremos TLC, ni guerra, ni leyes para entregar el país a transnacionales, ni un modelo de desarrollo para ellos que nos sigue matando a nosotros. Por eso opinamos, con permiso, que el domingo la cita es de La Minga de los Pueblos con el Mundo.
Por fin al Presidente Uribe parece que le va a tocar ir a la asamblea en La María y con La Minga, o por lo menos esperamos que ese sea el caso y que después de la violenta agresión contra una protesta pacífica, el uso indebido e injustificado de un asalto militar armado, el asesinato de por lo menos dos indígenas en La María y los más de 100 heridos, la fabricación de un encuentro y de un falso acuerdo entre sus Ministros y los líderes indigenas, la presentación de un montaje para justificar todo lo anterior, el incumplimiento de la cita en Cali, la manipulación de cifras sobre tierras indígenas, la asistencia tardía al CAM en Cali donde vociferó provocaciones a los pocos que quedaban allí y a quienes no les permitían irse para que el Presidente tuviera público y la recurrente distorsión de la agenda para presentarla como un problema de indígenas, de tierras y del Cauca, después de todo esto, pues, ojalá fuera cierto que va a escuchar respetuosamente la agenda de cinco puntos.
28/10/08
Comunicado a la opinión pública nacional e internacional - Caminar la palabra por Colombia

Cali, octubre 27 de 2008
Llegó Uribe cuando la Minga ya se había ido

La rebelión de los corteros de caña de azúcar
La molienda humana
En Colombia, los efectos prácticos de las cooperativas de trabajo asociado se traducen en jornadas que alcanzan las 70 horas semanales y generan un salario promedio de apenas unos 230 dólares. Asimismo, por el sistema seudo cooperativo, el cortero es responsable de sus aportes a la seguridad social y la seguridad industrial, ya que son a la vez trabajadores y sus propios patronos.
Ante la ausencia de efectivos servicios de salud y programas de riesgos profesionales en salud ocupacional, proliferan los casos de parálisis totales y parciales, lesiones en extremidades, brotes infecciosos por aguas contaminadas y agrotóxicos. También abundan graves dolencias en la columna vertebral, artrosis, hernia discal, Lesiones por Esfuerzos Repetitivos (LER) que al no recibir atención médica oportuna, no son clasificadas como enfermedades profesionales. Los trabajadores y trabajadoras que son afectados por graves lesiones en la columna vertebral no reciben ninguna atención por parte del empleador, quien alega no tener ningún vínculo jurídico con los trabajadores y trabajadoras. Lo mismo ocurre con el derecho a la pensión de jubilación, que en la práctica no existe, y es común que las personas de edad muy avanzada se vean obligadas a trabajar para no morirse de hambre.
Según la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) de Colombia, "la producción de etanol en la región, tal como se desarrolla en la actualidad, corresponde a una imposición de los países del Norte que necesitan resolver su déficit energético, y poco les importa si es a través de los oligopolios locales que lucran con el incremento del monocultivo de la caña, en claro detrimento para los trabajadores, comunidades indígenas, agricultores y consumidores, el ambiente y la soberanía alimentaria".
La producción de etanol en Colombia se realiza con el beneficio de importantes subsidios. "El etanol -informa la CUT- está exento del impuesto de IVA (16 por ciento), la sobretasa a la gasolina (25 por ciento) y el impuesto global, todo lo cual equivale aproximadamente a 153 millones de dólares anuales que no entran a las arcas del Estado y que se están ahorrando los ingenios. Además, el gobierno definió como Zonas Francas Especiales los territorios de las plantas de agrocombustibles, por lo cual sólo pagan el 15 por ciento de Impuesto a la Renta."
Como sucede en Brasil con los cortadores de caña de azúcar, en Colombia los beneficios extraordinarios que registra el sector sucroalcoholero no llegan ni por asomo a las manos de los trabajadores ni de los campesinos. "Antes bien, la vida y las condiciones laborales de los corteros son cada vez peores, lo que nos obliga a luchar por reivindicaciones que se asemejan a las de los tiempos coloniales, bajo condiciones de esclavitud. A los cañicultores agremiados en PROCAÑA, dueños de las fincas que proveen a los ingenios, también les ha ido muy mal. Hoy reciben un 30 por ciento menos de participación por la materia prima que se destina al etanol", señala la CUT.
Todos somos corteros del Valle del Cauca
La huelga de los trabajadores del azúcar del Valle del Cauca requiere del acompañamiento y la solidaridad nacional e internacional. Ante esta situación, Artur Bueno de Camargo, presidente de la Federación Latinoamericana de Trabajadores Azucareros de la UITA, señaló: "Con esta situación queda claro una vez más que los Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, están al servicio exclusivo de las oligarquías nacionales. El etanol, la nueva vedette de los combustibles alternativos, no se traducirá en beneficios para los trabajadores y campesinos si no se cambia la matriz de producción, ya que es un verdadero disparate en términos sociales, económicos y ambientales".
"Hacer nuestra la lucha de los trabajadores del Valle del Cauca, apoyar con todas nuestras fuerzas sus justos reclamos, será fundamental para profundizar la lucha global por una sociedad justa y solidaria donde, entre otras cosas, las demandas del parque automotriz de Estados Unidos y de Europa no estén por encima de la calidad de vida y la soberanía alimentaria de millones de personas", enfatizó Camargo.
27/10/08
El RÍO HUMANO DE LA RESISTENCIA LLEGA AL VALLE DEL CAUCA. POR ENCIMA DE LAS DIFERENCIAS, LA PALABRA

Siga los acontecimientos en la radio virtual Dachi Bedea http://www.onic.org.co/dachibedea_radio.shtml
¡!!CUANDO NOS UNIMOS, NO NOS DETIENE NADIE!!
Uribe, ¿por qué no te callas?

La Otra Colombia

En los 516 años de resistencia, el 12 de octubre pasado comenzó la Minga de los Pueblos que retoma las decisiones del primer Congreso Itinerante de los Pueblos por la Vida, la Alegría, la Justicia, la Libertad y la Autonomía, realizado en septiembre de 2004 y del que surgió el Mandato Indígena y Popular...
“Algo nuevo se está cocinando en el país”, dice Alfredo Molano, periodista y sociólogo perseguido por el régimen uribista por decir lo que ve y vocear lo que sienten millones de colombianos para quienes los medios están cerrados. No lo dice en un despacho cerrado, sino a cielo abierto en el Foro de la Solidaridad en Moravia, barrio pobre de Medellín construido sobre una enorme montaña de basura que los desplazados por las sucesivas guerras convirtieron en trama urbana, periférica y resistente, con base en una impresionante red de solidaridades.
Lo nuevo es la amplitud, extensión y profundidad de la protesta, y sobre todo la confluencia de actores que están colocando contra las cuerdas al gobierno de Álvaro Uribe. Los paros más destacados por los medios son los del sector público por salario, como el de los judiciales, que llevó al gobierno a decretar el estado de “conmoción interior”. Luego siguieron los funcionarios del sistema electoral (Registraduría), los maestros, los camioneros y otros servidores públicos que ven sus salarios diezmados por el incesante aumento de precios. Sin embargo, lo que más desvela a los poderosos es la confluencia del abajo.
El 15 de septiembre pasado se inició la huelga de 10 mil corteros de caña de azúcar que ocupan ocho ingenios de Valle del Cauca, quienes trabajan a destajo y en condiciones feudales. Los corteros, casi todos afrocolombianos, se levantan a las cuatro de la madrugada, trabajan de seis de la mañana a cinco de la tarde bajo un sol que lastima y llegan sobre las ocho de la noche a su casa, luego de dar 5 mil 400 golpes de machete e inhalar humo de la quema de caña y el glifosato usado en las plantaciones. Ganan poco más del salario mínimo, pagan de su bolsillo la seguridad social, las herramientas, la ropa de trabajo y el transporte hasta el cañaveral. Al atarceder, se ven espigadas siluetas morenas al borde de la Panamericana, entre Cali y Popayán, tambaleándose como zombis luego de una jornada laboral criminal.
La huelga de los más pobres sorprendió a todos, tanto por su duración como por el macizo seguimiento de los agrupados en el sindicato Sinalcorteros. Para el gobierno y la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar la huelga es un problema, ya que obligó a importar azúcar de Ecuador y Bolivia, paralizó la producción de etanol y elevó el precio de la gasolina, porque de los brazos destrozados de los corteros sale el etanol para sus coches. Quizá por eso el ministro de Protección Social (ironía de los de arriba) dijo en el parlamento que la huelga no es un problema social, sino una protesta de delincuentes, y acusó a los corteros de estar infiltrados por las FARC.
Los corteros piden ser contratados directamente por la empresa, porque ahora se les obliga a ingresar en cooperativas que son bolsas de trabajo para abaratar salarios; que se les paguen los días perdidos por paradas de las empresas, así como los que deben asistir al médico, ya que los accidentes laborales incapacitan a 200 corteros cada año. Exigen, además, que se eliminen las básculas móviles que pesan a favor del patrón, que se quiten las máquinas que hacen el trabajo de 150 corteros, y un aumento salarial de 30 por ciento.
En los 516 años de resistencia, el 12 de octubre pasado comenzó la Minga de los Pueblos que retoma las decisiones del primer Congreso Itinerante de los Pueblos por la Vida, la Alegría, la Justicia, la Libertad y la Autonomía, realizado en septiembre de 2004 y del que surgió el Mandato Indígena y Popular que contempla: rechazo al TLC, un tratado “entre patrones y contra los pueblos”; derogación de las reformas constitucionales que someten a los pueblos a la exclusión y la muerte; “no más terror del Plan Colombia (…) que infesta nuestros territorios y los siembra de muerte y desplazamiento”; cumplimiento del Estado a los acuerdos a raíz de la masacre del Nilo en 1991, donde fueron asesinados 20 nasas; y construir la Agenda de los Pueblos, que surja de “compartir y sentir el dolor de otros pueblos y procesos”.
La Minga, trabajo colectivo en el mundo andino, comenzó al borde de la carretera Panamericana, donde unos 10 mil indígenas, sobre todo nasas agrupados en el CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca) y en la ACIN (Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca), instalaron un territorio de Paz, Convivencia y Diálogo en el municipio La María Piendamó. Cortaron la ruta y fueron brutalmente atacados por las fuerzas armadas, lo que dejó un saldo de dos muertos y 90 heridos, la mayor parte por bala. La violencia no consiguió desalojarlos, pero concitaron el apoyo de toda la Colombia de abajo.
Fracasada la negociación con las autoridades, la Minga se puso en marcha hacia Cali, donde 12 mil indios escolatados por su guardia indígena, a los que se vienen sumando los corteros y otros trabajadores agrupados en la CUT, llegarán el lunes 27 a la tercera ciudad del país luego de recorrer 100 kilómetros por la rica llanura tapizada de cañaverales. Lo más trascendente es que la Minga de los Pueblos se está convirtiendo en una articulación de los de abajo sin aparatos burocráticos, encuentro abajo y en la lucha, confluencia entre múltiples torrentes que están empezando a formar el enorme cauce de la Otra Colombia. Uno de ellos fue el paro nacional convocado por la CUT para ayer jueves.
El memorial de agravios es impresionante. Sólo los indígenas denuncian que en los seis años de gobierno de Uribe asesinaron a mil 243 indios de las más de 100 etnias existentes en Colombia y 54 mil fueron expulsados de sus territorios. En los últimos 15 días ya son 19 asesinados. “Todos somos corteros, todos somos indígenas”, reza un comunicado de ACIN. La larga experiencia del pueblo nasa les dice que “ningún sector actuando solo puede enfrentar la agenda de explotación y sometimiento de quienes desde el régimen la van implementando”.
La Minga es el modo en que los de abajo han decidido “concertar la palabra y convertirla en camino”. Es apenas el primer paso. Pero el que marca el rumbo y deja huella.